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martes, 10 de abril de 2007

Bolivia otra vez!

Han pasado cinco años casi, y héme aquí de nuevo en mi Patria! Qué mezcla de emociones y sentimientos. Qué sensación de sentir que esto es de uno y saberse extraño. Una primera impresión. Al llegar al nuevo aeropuerto de Viru-Viru, todo lindo, todo nuevo y los servicios funcionando con mayor eficiencia que en Asunción que acabamos de dejar atrás. En el temido instante de dejar la policía y pasar la Aduana, cuando me llamaron abrir las maletas, bastó que dijera que era un exiliado que volvía a la Patria al terminar la dictadura, para que me dejaran pasar y me dieran unas frases de bienvenida. "Pase, señor! A ver déjenlo pasar" o sea un gesto maravilloso que me agrada mucho. Luego nos trasladamos a un hotelito y las consabidas incomodidades de nuestro hábitat. No había agua en el hotel, las fundas estaban sin lavar, los baños sin cerrojos. O sea, pobreza y desorganización, aunque eso sí, mucha amabilidad y educación. Creo que el ser humanos, cordiales, sigue siendo el punto relevante del boliviano. Su primer e inconfundible punto de identidad.
Santa Cruz de la Sierra, 26 noviembre 1985

Gotas de Miel, un libro delicioso

No recuerdo de qué manera cayó en mis manos el libro pequeño y delicadamente ilustrado, tampoco recuerdo cuándo se me perdió porque lo cuidé y lo leí siempre con respeto. Desde luego lo leí por vez primera en Potosí, mi ciudad natal cuando tenía 16 años y toda la piedad de un cristiano formado en la escuela de la oración y la bondad. Me acompañó mucho tiempo en Siglo XX, el campamento minero más grande del país que fuera teatro de 60 meses vividos plenamente en Radio Pío XII.
Gotas de Miel, fue el título del programa de radio que solía escucharse a las 23.00 pm con el subtítulo "para las almas cristianas". Consistía en una reflexión muy personal, hacia el interior del ser, una especie de examen de conciencia, de dolor de contrición, conversaciones con Dios. Haremos un esfuerzo mental para retrotraer aquellas sabrosas lecturas, que sin duda yacen en algún lugar de nuestro subconsciente. Casi no me atrevo a escribir, me invade un pudor especial, de algo muy íntimo y secreto, pero gracias a este programa, no uno, varios oyentes en distintos momentos me llenaron de cristiano orgullo "gracias a sus palabras, he tomado la decisión de seguir viviendo", "usted no sabe cuánto bien me hacen sus palabras", y muchos testimonios, aunque mi respuesta era invariable, "no son mis palabras, son las de Gotas de Miel", recogidas de la Biblia, del Libro de la Sabiduría.
Octubre 1985