Su legado. Autor de cinco novelas y más de cincuenta relatos, Hemingway cultivó una imagen de viajero y aventurero infatigable, con prolongadas estadías en París, Italia, España, Cuba o África, durante sus 61 años de vida, en los que fue testigo de la I y II Guerra Mundial.
Su inspiración bélica. La guerra, uno de los grandes temas literarios de Hemingway, volvió a cruzarse en su camino con la Guerra Civil en España (1936-39) que cubrió como corresponsal desde Madrid. Posteriormente, y tras el éxito de "Por quién doblan las campanas" (1940), volvió a Europa para cubrir la Segunda Guerra Mundial y la Liberación de París de la ocupación nazi. "Todos los buenos libros tienen algo en común, son más verdaderos que si las cosas hubieron ocurrido de verdad", decía.
El otro Hemingway. Mujeriego, bebedor y nómada, encarnaba la leyenda del escritor volcado al mundo en busca de historias que verter a su máquina de escribir, que tecleaba siempre de pie. Se casó por tercera vez, y se marchó a vivir a Cuba, donde ultimó "El Viejo y el Mar", una breve novela sobre un viejo pescador cubano, por la que recibe el Premio Pulizter en 1953.
Escribió su propio epílogo. En 1960 abandona Cuba con la salud debilitada, Hemingway se recluye en su residencia de Idaho, y año y medio después, con tres novelas aún a medio hacer, se suicida. Al poco tiempo se publica su último libro, paradójicamente titulado "París era una fiesta". En EEUU sus seguidores celebran su legado en los llamados "Hemingway Days" a finales de julio, coincidiendo con la fecha de su nacimiento (el día 21), con diversos eventos en Key West entre los que se encuentra un certamen de cuentos dirigido por su nieta, la también escritora Lorian Hemingway.
En ese año le otorgaron el premio Nobel de Literatura, que no pudo recibir al sufrir un accidente aéreo.



