Páginas vistas en total

jueves, 16 de agosto de 2007

El placer de la lectura

De descubrir mundos nuevos, de viajar dentro y fuera del planeta, de visitar los sitios más increíbles, de acercarse a los personajes de ayer, de hoy, de siempre. De penetrar las cosas, descubrir sus misterios, de adentrarse en el alma y buscar la verdad en sus profundidades, todo está a la mano en los libros, en las lecturas.
Cuando me percaté de la pedagogía sueca para estimular la lectura y hacer de ella un hábito en todos los niños, me dí cuenta del método simple que consiste en despertar el interés, la curiosidad de los educandos sin importar su edad ni sus circunstancias, y acto seguido dirigirlos a la búsqueda de los libros, de las fuentes del saber para satisfacer su interés, llenar su curiosidad, en suma aprender, me dí cuenta de cuán vital resulta en la vida del hombre buscar, investigar, averiguar por sí mismo auxiliado de la herramienta que todos pueden tener a la mano. El libro.
En nuestros países del tercer mundo solemos suspirar y decir que no es posible aprender porque no tenemos los medios para comprar los libros que son caros, razón atendible en parte que sin embargo se resuelve con la solidaridad.
Veamos. En las escuelas y colegios los libros oficiales no son privados, pertenecen a la escuela y éstos pasan de mano en mano. Al empezar un período escolar, cada uno recibe el texto que corresponde a su nivel de aprendizaje y extiende un recibo responsabilizándose por los libros, por su buen uso y conservación. De éste modo los padres de familia no están obligados a comprar libros para cada uno de sus hijos como ocurre donde no se piensa en el derecho de los demás, y en lo práctico que resulta la propiedad colectiva.
Cuando se trata de otros textos se acude a la biblioteca que si no los tiene en sus estanterías los pide a otras unidades del sistema bibliotecario que está integrado. Y si tampoco existe, los manda a importar de las editoriales, aunque el proceso demore algunas semanas. Esta forma de obrar es hacer cultura, hechos y no palabras, acciones que nó meros discursos.
De donde resulta que el placer, la enorme satisfacción de leer copa todas las ambiciones, alcanza a todos los niveles, cubre todos los sueños. Resulta de ello un mandato ineludible redoblar esfuerzos hasta alcanzar que todos niños y adultos aprendan a leer y escribir. Es la mejor manera de practicar la solidaridad.