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viernes, 14 de octubre de 2011

Eucaristía es Sacerdocio. sin Sacerdocio no hay Eucaristía así como no hay Eucaristía sin Sacerdocio. misterio de Fe que explica la perennidad de la Iglesia.


En la última Cena, en la que el Señor instituyó y nos dejó la Eucaristía, hemos nacido como sacerdotes. Junto al gran don que Cristo nos ha dejado en el memorial eucarístico, e inseparable de él, nos ha dejado también en aquella venerable Cena el sacerdocio sacramental. Los sacerdotes "hemos nacido de la Eucaristía". El sacerdocio ministerial, que somos, "tiene su origen, vive, actúa y da frutos de la Eucaristía". "No hay Eucaristía sin sacerdocio, como no existe sacerdocio sin Eucaristía". "El ministerio ordenado, que nunca puede reducirse al aspecto funcional, pues afecta al ámbito del 'ser', faculta al presbítero para actuar in persona Christi y culmina en el momento en que consagra el pan y el vino, repitiendo los gestos y las palabras de Jesús en la Última Cena" (Beato Juan Pablo II).
Por medio de los sacerdotes, Cristo está presente en nuestro mundo contemporáneo, vive entre nosotros y ofrece al Padre el sacrificio redentor por todos los hombres y los incorpora a su ofrenda al Padre y a su obra salvadora. "Ante esta realidad extraordinaria permanecemos atónitos y aturdidos: ¡Con cuánta condescendencia humilde Dios ha querido unirse a los hombres! Si estamos conmovidos ante el pesebre contemplando la encarnación del Verbo, ¿qué podemos sentir ante el altar, donde Cristo hace presente en el tiempo su Sacrificio mediante las pobres manos del sacerdote? No queda sino arrodillarse y adorar en silencio este gran misterio de la fe".
Nuestro ser sacerdotes es inseparable de la Eucaristía y nuestra existencia sacerdotal queda configurada por la Eucaristia, por el sacrificio que Cristo ofrece al Padre en oblación por nuestros pecados y los de todos los hombres, para la redención y salvación de la humanidad y del mundo entero. En la ordenación sacerdotal, al tiempo que se nos entrega el cáliz y la patena, se nos dice: "Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la Cruz del Señor". "Imita lo que conmemoras". Por eso toda nuestra vida no debiera ser sino una prolongación de la Eucaristía: nuestros gestos, nuestras palabras, nuestras actitudes, todo debiera expresar ese don de la Vida y del Amor en favor de los hombres que renueva la ofrenda de Cristo, su amor a los hombres, a los que llama "suyos y sus amigos", hasta el extremo.
El ministerio sacerdotal, que actualiza permanentemente el Sacrificio de Cristo, debe ser vivido con ese espíritu de oblación, de entrega, de sacrificiio personal. En definitiva, con las mismas actitudes y sentimientos de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, con el que somos configurados sacramentalmente. "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad". "Amó a la Iglesia y se entregó por ella". "Los amó hasta el extremo".
 Todo en nosotros, sacerdotes, debiera ser expresión de esa "ofrenda, oblación y obediencia" al Padre y de esa "caridad pastoral" que llega al don de la vida, del "cuerpo" y de la "sangre". La caridad pastoral, que nos identifica como sacerdotes, presencia sacramental de Cristo Buen Pastor, fluye, sobre todo, del sacrificio eucarístico, que es, por ello, centro y raíz de toda la vida del presbítero, de suerte que nos habremos de esforzar, con el auxilio imprescindible del Espíritu, en reproducir en nosotros mismos lo que se hace en el ara sacrificial. En el centro de nuestra vida sacerdotal está la Eucaristía de cada día. Es esta Eucaristía cotidiana lo que unifica nuestra vida sacerdotal, al igual que centra y unifica la vida de toda la Iglesia. No es un aspecto de la vida sacerdotal junto a otros, sino el vínculo que expresa de modo eminente nuestra vinculación con Cristo y el significado de toda nuestra vida sacerdotal y nuestra relación con los fieles.
A partir de la Eucaristía, a partir de ser sacerdotes para la Eucaristía, nacer de ella y ser lo que somos con ella, la vida del sacerdote no puede ser otra que la de Cristo. No podemos contentarnos con una vida mediocre. Más aún, no cabe una vida sacerdotal mediocre. Nunca debería caber y menos en los momentos actuales en que es tan necesario mostrar la identidad de lo que somos y así dar razón de la esperanza que nos amima. "No podemos contentarnos con menos que con ser santos". El sacerdote tiene que ser como Cristo, tiene que ser santo. "El Sacerdocio que tengo es el de Cristo, por mí participado, y 'éste es santo'. Haga lo que yo haga, el sacerdocio que yo participo es siempre santo... no tengo más remedio; tengo que ser santo. Y una santidad que tiene que ser específica en mí: santidad sacerdotal. Santidad a ultranza. Y esa que obliga a ser 'como Él' tiene una especial característica: ser como Él en el altar: Víctima, Sacerdote-Hostia" (Siervo de Dios José María García Lahiguera).
Celebrar diariamente la Eucaristía y celebrarla bien, vivir la Eucaristía con todo el realismo, intensidad y verdad que requiere en el centro de nuestra jornada sacerdotal, vivir de la Eucaristía a lo largo de todos los momentos de nuestra vida sacerdotal es del todo necesario para revitalizar nuestra existencia sacerdotal sacramental. A esto ayuda de manera muy importante este pequeño, pero muy grande, librito. Como Prefecto de la Congregación para el Culto Divino agradezco de todo corazón la publicación y difusión de esta obra, y la recomiendo muy vivamente; será un instrumento de gran ayuda para la renovación sacerdotal y, también, para la renovación de las comunidades y el impulso de una nueva evangelización, que pasa necesariamente por la Eucaristía.
  Antonio Cañizares Llovera
14 de octubre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011

Dios está cerca mío, excelente noticia para todos. uno puede decir no creo en Dios, pero Dios está cerca de quién lo dice y en la soledad y en el silencio Dios habla y se revela


El tema central de este Salmo es que el Señor es el sol de justicia, que el Señor es el paraguas que nos protege del sol, de la lluvia, de las dificultades, de las depresiones, el Punto de Vista de Dios pretende ser un pequeño programa, un pequeño testimonio para estimular a la gente que nos privilegia con su visita en este Blog, a ir hacia Dios pero fortalecer su seguridad en si misma, a esa gente.

Yo quisiera compartir con ustedes esa experiencia de la búsqueda de Dios, porque todos en esta vida, unos de una manera y otros de otra buscan a Dios, buscamos a Dios y algunos podemos tener la sensación de que lo hemos encontrado pero cuidado si estamos muy ciertos de haberlo encontrado no sea que lo perdamos de inmediato.

¿Qué significa encontrar a Dios? Primero significa tenerlo cerca, como experiencia interna, el Dios que nos acompaña, que está silencioso pero está ¿Qué significa que Dios está ahí? Que esta a nuestro alcance, que es un Dios próximo, que es un Dios cariñoso, que es un Dios que se hace sentir pese a su silencio, que a veces el silencio no es tan silencioso. Dios está ahí, cerca de usted, cerca de mi, esa es la característica principal de Dios que está cerca.

Pero claro como todo en la vida, depende de la experiencia de cada uno, Dios está cerca porque nos quiere porque ilumina el camino de nuestras vidas aunque vayamos con los ojos cerrados, Dios está cerca y esa es una excelente noticia para todas y todos. Si usted dice circunstancialmente y no cree en Dios, dice que no existe Dios está bien, tiene todo el derecho de pensar de creer que Dios no existe, déme a mi ese  pequeño derecho a mi también no sólo decir que Dios está cerca, no sólo decir que Dios existe decir además que Dios me acompaña, por lo menos a mí y quizás a muchos lectores de esta sección del Blog el Punto de Vista de Dios, también ellas y ellos podrían testimoniar en su experiencia diaria cotidiana y permanente que Dios está cerca. (Hermosa prosa del jesuíta Eduardo Pérez de Fides, Bolivia)