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lunes, 17 de febrero de 2014

Pinochet, Crimen y Castigo. Hotel las Américas, masacre del 16 de abril, el remordimiento y las pesadillas que persiguen a los criminales tras la identificación de sus víctimas.

Cuando cayó Pinochet preso en Londres, La Nación de Buenos Aires, el diario mayor del continente logró una extensa entrevista con "el caudillo" quién declaró que "las consecuencias de la Caravana de la Muerte" le habían perseguido toda la vida. No fue más explícito entonces, aunque el mensaje me quedó en la mente como una campanada de alerta.

En efecto. Los crímenes cometidos por oficiales de las 3 armas y de Carabineros de Chile, que a las pocas semanas del golpe contra Allende recorrieron todas las ciudades principales, con el fin de ejecutar a chilenos apresados a raíz del golpe por ser dirigentes sindicales, estudiantiles, políticos, y algunos simplemente por la fatalidad. Elaboraron listas que enviaron al tirano, el que las aprobó sin demora, esta aprobación fue la sentencia de muerte. No se sabe cuántos, pero pasaron de un ciento los fusilados de esta manera.

Ahora bien, establecidas las motivaciones de la tristemente célebre "Caravana..." que fueron dos. Sentar un precedente de terror ante la opinión mundial y nacional, y comprometer a los oficiales con mando de tropa en acciones de sangre, para ganar su fidelidad, para convertirlos en corresponsables, cómplices de los crímenes, por tanto incondicionales de Pinochet, porque aparecían tan culpables como él mismo.

Pinochet contrito, seguramente confesado ante su mujer y algún sacerdote, no pudo safarse nunca del dolor de corazón, o sea del tremendo complejo de culpa, que le atormentó hasta la muerte. Para disimular el tremendo crimen, "se vio obligado a cometer otros" porque los organismos de DDHH del mundo entero realizaron un seguimiento sin cuartel. Sin descanso, la persecusión del delito fue tal que involucró a otros países como Italia, Francia, España y algo más tarde Estados Unidos y Canadá.

El cargo de conciencia era tal, de tal envergadura, que no dejó en paz ni sosiego al monstruo de La Moneda y le nubló la mente para que cometiese otros crímenes, mayores persecusiones, mostrara toda su crueldad y se pusiera en frente de los tribunales humanitarios a los que "guardaba una sorna inocultable". Como describe el gran Dostoiesky en su "Crimen y Castigo", el asesino, el delincuente, cuando recuperan la conciencia plena son víctimas de pesadillas, angustia, arrepentimiento, que si no comunican o comparten llega a enloquecerles y perturbar sus mentes, o conducirles simplemente al suicidio.

Los estudiosos que se han ocupado de la responsabilidad criminal de los poderosos saben de esa psicopatía que trata de conjugar la Ley con el Crimen, es en campo que se baten los criminales como Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Strossner, Pinochet, como lo reconocen autores como Davison, Meyers, Rollin, Tracey que figuran en cualquier texto de psiquiatría moderna, "pudieron tapar sus crímenes con razones de estado".
Guardando distancias y proporciones, en Bolivia se dió "El crimen o la matanza del Hotel Américas" que se está convirtiendo en la pesadilla de Evo Morales, los fantasmas de los asesinados en el cuarto piso, con todas las agravantes de sangre fría, con premeditación y alevosía, sobre seguro y a mansalva, le persiguen sin cesar, como con Pinochet, los organismos de Derechos Humanos han empezado ha movilizarse y no tardarán en emitir su fallo, la sentencia que perseguirá al autor al margen de todo el poder de que pueda disponer, por diversos tribunales, dejando de lado el cargo público que por el momento le ampare y es que el crimen siempre se paga, más temprano que tarde. Nadie puede despojar al ser humano de lo más preciado, el don de la viva y la existencia.