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martes, 16 de junio de 2009

odio puro, de un semipuro originario porque Evo es nombre judío y Morales apellido hispano. Manfredo Kemp nos engolosina con su humor referido a S.E.

S.E. es divertido, infantil en sus concepciones, siempre presto a provocar y ofender como los chicos malos, pero no hay que hacerle caso. Salvo en temas que hacen a la corrupción, la ineficiencia y el narcotráfico, que se campean en el Estado Plurinacional, no se le debe dar bola. Él es un provocador nato, que un día arremete humillando a Chuquisaca, otro contra Perú, y otro contra los cruceños. Y de los gringos ni se diga. Claro que —tan vivo él— siempre dice que sus críticas son contra las élites y no contra los pueblos. ¡Majaderías!

Ahora nos provoca a los cruceños expresando, durante una repartija de tierras en Yapacaní, que no le gusta el himno de Santa Cruz, que en una etapa de liberación no se debería cantar la estrofa que, justamente, es la más bella, cuando dice: “La España grandiosa, con hado benigno, aquí plantó el signo de la redención”. Puede estar seguro S.E. que esa estrofa la seguirá escuchando hasta el día en que se muera. O de lo contrario no pasará un 24 de septiembre, ni ninguna celebración oficial en Santa Cruz, porque esas estrofas, que lo indignan, las oirá voz en cuello a todo el pueblo. Si S.E. quiere cambiarle el himno a Orinoca, allá él.

El himno cruceño, que data de comienzos del siglo pasado, hace un merecido homenaje a España porque es la verdadera madre Santa Cruz, como la es de tantas ciudades americanas. No es Mama Ocllo nuestra madre, por si acaso. La aldea de entonces era criolla española con mestizaje guaraní. Ni aymaras ni quechuas habían llegado todavía. Hoy, en el amplio mestizaje con collas, el himno se sigue cantando con gran fervor por todos. Pero tenía que ser S.E. quien se entrometiera para tratar de crear confusión y malestar.

Para nadie es un secreto el odio que ha incubado S.E. contra Santa Cruz. Odio puro. No le ha perdonado a la ciudad por sus consecutivas derrotas electorales, pese al padrón putrefacto que lo favorece. Y no le perdona que Santa Cruz no lo reconozca como líder y que se burle de su Estado plurinacional, comunitario, intercultural y demás vainas. Ese resentimiento ha sido maligno, perjudicial para los cruceños, porque él, en venganza, nos ha prohibido exportar, nos ha sometido a ridículos cupos de exportación, nos mezquina el combustible para producir, y nos ha hecho perder infinidad de mercados. Para nosotros, S.E. es un verdadero cáncer, el peor Presidente que hemos podido tener.

¿Así que no le gusta nuestro himno a S.E.? ¿Y el Himno Nacional le gustará? ¿No será que ahora que le ha cambiado el nombre a la República, que ha puesto a la wiphala como bandera, también sus poetas del MAS estarán elucubrando una nueva letra? Porque ya un cruceño que se las da de “originario” lo ha llamado “libertador” y al libertador le encantaría que se lo mencione. ¡Hay vanidades! ¡Existen bellacadas tan grandes! ¡Pobre país el que tenemos hoy!