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viernes, 14 de febrero de 2014

Fides publica serie de notas por los 75 años de la emisora que sufrió el embate de los regímenes de fuerza. Eduardo Pérez con absoluta fidelidad cuenta la historia en entregas que preludia nuestro editor como cuando se refiere al 17 de julio de 1980

Previus. En efecto aquel 17 de julio de 1980 pasé la noche en el Hotel Capitol, temprano me dirigí a Radio Cosmos para leer el primer informativo, no tuve inconveniente alguno, hasta que en el desarrollo del relato salió a luz, que fuerzas militares encabezadas por Luis García Meza, Comandante del Ejército se había alzado en contra del Gobierno de Lidia Gueiller en la ciudad de Trinidad, Beni.
Toda la carga noticiosa estuvo enfocada al "nuevo golpe" esperado por todos, pero que no dejaba de ser una novedad, transcurrió la hora y media informativa y recogí mis papeles para dirigirme a "mi oficina" justamente al frente de Radio Cosmos en calle Sucre, casi San Martín, donde solía reunirme con Eduardo Pérez Beltrán, director de Cosmos y Luis Loza Castro su director comercial, ya en el segundo piso sentí un extraño ruido de vehículos, vocinas y sirenas, me asomé a la ventaja del balcón algo entreabierta y vi descender de vehículos beige pequeños, de marca japonesa, 10, 12, 14 hombres armados y subir al segundo piso ocupado por Radio Fides. "buscamos a Mauricio Aira" lo decían a gritos y los operadores y personal de limpieza "ya se fue, no se encuentra aquí" esto lo supe algo más tarde, revolvieron lo que pudieron durante 20 minutos y se marcharon, mientras yo pasé por el café Bolivar, como cada mañana para servirme un desayuno frugal.
Cosmos quedó clausurada, como todas las demás radioestaciones, y los dos diarios también fueron tomados por "paramilitares encabezados por los Hermanos Alarcón" tristemente célebres por su violencia y fanatismo. Volví al Capitol, me reuní con Jaime Bedregal su administrador, con Fernando Baptista Gumucio, que llegaría a ser Ministro de Hacienda de Siles Zuazo y Mario Sanjinés Uriarte que ocupó altos cargos con el MNR, éramos cuatro y nos decidimos a escribir panfletos, me dictaron textos en una pequeñita máquina "Royal" en forma de "palomitas" incitando a la resistencia, porque sabíamos por las radios mineras que en Huanuni, en Colquiri, en San José se resistía y se había declarado la huelga general de trabajadores. 
Así estuvimos un par de días, hasta que todos nos dispersamos, me buscaron "sin suerte" los paramilitares, hasta que mi inefable amigo y compadre José Abujder me hizo ver, que podría viajar a La Paz y hacerme cargo de organizar la oficina de la Cámara Departamental de Hotelería, me caía como anillo al dedo, sin mi fuente de trabajo habitual, correspondía cambiar de actividad, de modo que a pocos dias del golpe, me trasladé a La Paz, donde se encontraba mi familia.
Estos detalles los tengo referidos en mi libro "Gotemburgo Destino Final" que narra los 180 dias de exilio, y algo vinculado al 17 de julio, dia en que Luis García Meza mandó a Luis Arce Gómez a que asesinara a Marcelo Quiroga Santa Cruz, según lo cuenta E.Pérez Iribarne.

Eduardo Pérez Iribarna (Epi) “¿Dónde está el cura Pérez?” La voz del paramilitar “Mosca” Monroy resonó por tres veces en la puerta de Radio Fides a mediodía del lunes 17 de Julio de 1980. Catorce miembros de la Radio, entre ellos Epi, estaban con las manos en alto de cara a la pared. Sólo  el silencio  contestó a sus gritos. Era ya el tercer llamado de la muerte registrado en esta historia de los 75 años. Marcelo Quiroga Santa Cruz estaba a punto de subir a la barca del legendario Caronte para viajar a la otra vida. Epi estaba en la incertidumbre todavía. Los dados rodaban veloces por la mesa de la duda y se iban deteniendo lentamente y caprichosamente.

apreciamos el estudio de Radio Fides en una de las entrevista a Quiroga Santa Cruz cuyos restos mortales hasta el dia de hoy no han sido entregados a sus familiares guardándose como "secreto militar"

El Golpe de García Meza y de Arce Gómez no fue contra la débil Presidenta Lidia Gueiler Tejada sino contra Hernán Siles Zuazo y la Unidad y Popular (UDP) ganadores de las elecciones pocos días antes. Fue un golpe contra el pueblo. Los dictadores le temen a la gente. Por eso fabrican cadenas nacionales, controles, censuras, miedos y desconfianzas. Ellos son los únicos dueños de la verdad aunque sus actos se construyan con el cemento de la mentira.

Fides fue ametrallada como si las consolas, los discos, las grabadoras pudieran hablar o pensar. La orden era clara: había que destruir a Fides   y matar a Pérez. El Dios del perdón tenía otros planes para el incansable y ansioso Director de la Radio. El Hno. Jesuita José “Pepe” Marco, administrador de  la Radio,  fue apresado y detenido por largas semanas. En la primera reunión de gabinete de los golpistas, Arce Gómez informó a los presentes que habían detenido al Director de Fides. No hubo comentarios.

Epi buscó asilo en la embajada del Perú en La Paz porque su jefe Albert Brun, Director de Agence France Presse para Perú y Bolivia, estaba fortuitamente en la ciudad, quería defender a Epi, y tenía excelentes contactos con el nuevo gobierno peruano, presidido por Fernando Belaúnde Terry. El entonces embajador en La Paz, amigo personal de Arce Gómez se negaba a recibirlo. Fue necesaria una tajante orden desde Lima para que bajara la cabeza. Epi salió expulsado a España dos meses más tarde por “indeseable”, como tantos compatriotas. Sólo pudo regresar al país tres años después.

El personal de la Radio se   quedó sin trabajo. Los jesuitas los socorrieron con generosidad y cariño. Fides permanecería cerrada hasta febrero de 1982. El temor se apoderó de los más débiles porque había que caminar “con el testamento bajo el brazo”. García Meza y Arce Gómez se las prometían muy felices. Buscaban copiar el régimen de terror de Pinochet en Chile. Pero, los naipes del destino se mueven con designios incomprensibles y la vida es con frecuencia producto de situaciones llenas de sorpresas. El narcotráfico, por un lado, la presión internacional, por el otro, y la creciente conciencia popular democrática lograron que la luz de la libertad regresara al país más temprano que tarde. Los bolivianos cantamos siempre: “¡morir antes que esclavos  vivir!”. Y así fue.