Páginas vistas en total

martes, 23 de junio de 2015


perdonado estás en nombre de Jesús

Mauricio Aira

El exdictador Luis García Meza fue beneficiado de internación permanente en el hospital de la Corporación del Seguro Social Militar “Cossmil”, según informó a radio Fides su abogado defensor, Frank Campero. 

Las tres líneas precedente refieren la noticia que anade: "el exdictador tiene un ojo seco, ha sido operado de las cataratas y sufre de sangrado profuso del colon", el abogado de L.G.Meza acude a la ley 298 de Ejecución de Pena, para impetrar de jueces y fiscales se le permita vivir en la clínica policial por el resto de su vida, en lugar de Chonchocoro.

Deberiamos terminar ahí, aunque deseamos agregar. Luis García en nombre de Dios te hemos perdonado, cumpliendo lo pedido en la diaria oración del Padre Nuestro "perdónanos nuestras deudas como también perdonamos a los que nos han ofendido". Confesar que no hay odio, ni rencor, aunque no podemos sustraernos del olvido.

Sucedió aquel 6 de febrero de1981 cuando se habían cumplido casi 7 meses de su golpe, que fue cruento afecto a seres inocentes, padres, hijos de familia, que desde el 17 de julio de 1980 estaban siendo acribillados bajo diversas formas. Unos como Marcelo Quiroga Santa Cruz y los otros tres asesinados en la gradería de la Central Obrera Boliviana, otros en las minas, los últimos en Sopocachi, en una casa particular donde según "el Gobierno se habían reunido para complotar" cayeron 9 dirigentes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) que había gobernado Bolivia coaligado con otros partidos y que siempre consideró a las FFAA un núcleo de "conservadores opuestos al ascenso de la Democracia".

Aquel 6 de febrero fue el inicio de nuestras penurias. incomunicado. totalmente a ciegas, encerrado primero en una casa de seguridad del garcía mesismo de Sopocachi, en una celda de 16 metros, 4 camas en litera donde además dormitaban vestidos de soldados, los esbirros del ministro Luis Arce Gómez con el fusil al hombro listos a salir a la calle, abordar unas vagonetas que debían servir como ambulancias en los hospitales, y acudir donde sea, según ellos "para sofocar a los sediciosos" y con órdenes de matar a todo el que se opusiera.

En el momento de ser detenido, a las 13.50 en mi domicilio de Avenida Arze frente a la Nunciatura Apostólica, cuando pregunté que a dónde me conducían, los jovenes clases que habían esperado por mi durante varias horas, todavía amables habían respondido "es que mi General García quiere hablar con usted a su regreso de Trinidad" y me introdujeron al Palacio de Gobierno, no les importó que mi esposa Jenny Dabura me acompañase, por el hall principal ascendimos al primer piso, mano derecha una pequeñísima habitación donde había dos sillas, una mesita y un teléfono. Esperarán aquí, dijo un oficial a quienes los clases habían transferido mi custodia.

En aquel momento ya a solas nos preguntamos a qué podría obedecer esta citación. Por mas vueltas que le dábamos a la pregunta, no teníamos una respuesta. Pasaron dos, tres, cuatro horas y Jenny debía marcharse a casa, para esperar la llegada de los niños de la escuela y ofrecerles un refrigerio. Como a las ocho de la noche, recibí una invitación "a cenar con los edecanes", de pasada me comentaron "en Trinidad llueve a cántaros y mi General García regresará al amanecer" Mi suerte estaba echada, no logré llevar bocado a la boca, a las 8.30 tres clases me custodiaron hasta la calle, puerta de ingreso del Palacio, siempre apuntándome con sus carabinas, me condujeron a la casa de seguridad donde pasaría la noche "la más larga e incierta de mi vida".

No pude dormir porque simplemente no había donde reposar el cuerpo, siempre de pie, algo apoyado en las paredes, frente a aquella celda que iba colmatándose de presos, a medida que "los paramilitares traían más y más detenidos". (Lo tengo relatado con otros detalles en mi primer libro Gotemburgo Destino Final, impreso en Barcelona y ampliamente difundido en Suecia y Bolivia) los dias subsiguientes fueron de pesadilla, dolor interior, incertidumbre, angustia, hasta que me arrojaron en una de las celdas malolientes del DOP (antiguo Control Político, en realidad las cabellerizas del Palacio Legislativo) en medio de un charco de orines putrefactos que provocaron intenso dolor de cabeza.

Porqué Luis García Meza, había ordenado mi detención? nunca lo supe hasta que desde Buenos Aires el General Eufronio Padilla brigadier del dictador, escribió a la casa Militar pidiendo una explicación sobre mi detención y exilio, a las pocas semanas recibió una respuesta que me leyó personalmente, sin entregarme el documento "acerca del periodista Mauricio Aira debemos indicar que atenido a esta su condición, desató una campaña en contra de las FFAA, testigo de lo cual es S.E. el Jefe de Estado", después de ésto ya no pude poner pie en la Embajada de Avenida Corrientes, fue la ambigua, nada clara respuesta a mis preguntas que no han terminado. porqué tanto odio y persecusión?

Dejo a la imaginación de mis lectores el cúmulo de sufrimiento que mi esposa, mis hijos y yo mismo tuvimos que padecer por este hombre, que condenado a 30 años de prisión sin indulto está padeciendo, aunque burlando a la Ley y gozando del privilegio de vivir en una clínica que es como un hotel, con todos los servicios, cuando debería estar como su compinche Arce Gómez encerrado en la cárcel de máxima seguridad por haber violado todos los derechos humanos en los meses que gobernaron Bolivia. Sin embargo yo los he perdonado por un principio elemental del Evangelio.

Dejo estas líneas para mis hijos y los hijos de estos, sin odio, sin rencor, inspirado en la misericordia que nos trasmite el amor de Dios a nuestros semejantes. Ya le llegará la hora de presentarse ante el Supremo Juez y recibir la sentencia destinada a los que siembran la muerte, la persecusión, el daño a la humanidad. Me refiero a los asesinos de los 80, pero también a los del régimen actual, que están sembrando de muertes la "nueva historia de Bolivia" y se niegan a establecer la Justicia que el pueblo y la Ley les reclama en forma cotidiana.